Una despedida tras 44 años de presencia y servicio

Por P. Félix Martínez

El pasado domingo 18 de octubre, la ciudad de Torrelavega vivió una jornada de despedida y agradecimiento a la comunidad religiosa de la Casa de los Muchachos, que pone fin a 44 años de presencia en la ciudad. Durante más de cuatro décadas, los religiosos hemos desarrollado una intensa labor de servicio a través de la propia Casa de los Muchachos, el SOAM, la pastoral penitenciaria y la colaboración con distintas comunidades parroquiales, entre ellas Nuestra Señora de la Asunción, Barreda, Viveda y Queveda.

Los actos comenzaron a las 12:30 horas con una Eucaristía en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, que reunió a numerosos fieles y llenó el templo. Participaron religiosos de las comunidades del Hogar Saltillo de Portugalete (Vizcaya), los colegios Caldeiro, Santa Rita y la Curia Provincial (Madrid), junto con los miembros de la propia comunidad de Torrelavega y numerosos ciudadanos que quisieron sumarse a este momento de despedida.

La celebración estuvo presidida por el párroco, P. Juan Carlos del Pozo, y concelebrada por nueve sacerdotes, tanto amigonianos como procedentes de otras parroquias de la ciudad. La Eucaristía, preparada por el grupo de niños de catequesis de Primera Comunión y acompañada por el coro parroquial, se convirtió en un espacio de encuentro, gratitud y reconocimiento a la trayectoria de los religiosos.

Durante la homilía, el P. Juan Carlos agradeció el trabajo realizado durante tantos años y la importante contribución de los religiosos a la vida de la comunidad parroquial. También expresó los sentimientos encontrados que acompañaban la despedida: la comprensión de una decisión motivada por la escasez de vocaciones y, al mismo tiempo, la tristeza por la marcha de unos religiosos que habían sido un apoyo significativo para la parroquia.

Al finalizar la Eucaristía, se hizo entrega de varios obsequios a los religiosos como muestra de agradecimiento. Fr. Domingo Lecumberri recibió un reloj, mientras que los padres Juan Manuel González y José María López recibieron, cada uno, un cáliz y una patena. Por su parte, el superior provincial, Fr. José Miguel Bello, recibió una imagen de la Virgen Grande, patrona de Torrelavega, como recuerdo de la ciudad y de los vínculos construidos a lo largo de estos años.

En su intervención, Fr. José Miguel Bello manifestó el dolor que supone tener que cerrar comunidades religiosas debido a la falta de vocaciones y al proceso de reestructuración de los religiosos. Al mismo tiempo, destacó el bien realizado por quienes han formado parte de la comunidad durante estos 44 años. En total, 21 religiosos han puesto sus capacidades y su vocación al servicio de la ciudad, mediante proyectos sociales, tareas pastorales, acompañamiento parroquial y atención en el ámbito penitenciario.

El superior provincial subrayó también la continuidad de la labor social amigoniana en Torrelavega a través de la Fundación Amigó, que mantiene el compromiso con las personas y familias más vulnerables mediante profesionales con experiencia en el desarrollo de estos proyectos. De este modo, aunque concluye la presencia de la comunidad religiosa, permanece la huella de una misión que ha contribuido durante décadas al acompañamiento y la atención de quienes más lo necesitan.

La jornada concluyó con una comida fraterna en el restaurante Casino de Solvay, situado en el barrio de Barreda, en la que participaron alrededor de 90 personas. El encuentro estuvo marcado por los recuerdos compartidos, los cantos y los buenos deseos, en un ambiente de cercanía que permitió prolongar la celebración y expresar el agradecimiento a los religiosos por tantos años de entrega.

La despedida de Torrelavega cierra una etapa de 44 años de presencia amigoniana, pero deja el testimonio de una labor desarrollada desde la vocación de servicio, el compromiso con la comunidad y la atención a las personas más vulnerables. Una historia compartida que seguirá viva en la memoria de quienes encontraron en los religiosos unos compañeros de camino y unos servidores de la misión amigoniana.

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