Diez días que dejan huella: así ha sido el campamento de Zagales 2026

Por Idioia Mainz, Alejandro Hidalgo y Fr. David Fuentes

Durante diez días, San Mamés, en la sierra de Madrid, se ha convertido un año más en el punto de encuentro de los Zagales, en un campamento marcado por la convivencia, la diversión, la reflexión y el crecimiento personal y espiritual. Niños y jóvenes de diferentes lugares —Sevilla, Madrid, Valencia y Pamplona— hemos compartido experiencias, juegos, excursiones y momentos de oración que han contribuido a fortalecer los vínculos y a crear una auténtica familia zagal. Las distintas etapas del campamento hemos vivido la experiencia a través de diferentes propuestas, adaptadas a todas las edades, pero todas ellas han tenido un elemento común: descubrir valores, profundizar en las relaciones con los demás y acercarse a Jesús desde la experiencia compartida.

Una aventura por Fantasía para los más pequeños

Los niños y niñas de 5º de Primaria a 1º de ESO se adentraron en el universo de La Historia Interminable. De la mano de Atreyu y la Emperatriz Infantil, conocieron cada día a distintos personajes —Gmork, el Elfo Nocturno, el Comerrocas, Fuyur, la Anciana Vicentus, Morla y los Gnomos— que les ayudaron a descubrir los valores necesarios para salvar Fantasía. La unión, la fortaleza, la compasión, la cooperación y la confianza fueron algunos de los valores trabajados a lo largo de la experiencia. Los juegos, las aventuras y las excursiones ocuparon un lugar destacado, con actividades como las canoas por el río Lozoya, la piscina o la visita a Aquópolis.

Cada tarde, los rincones de equipo ofrecían además un espacio más tranquilo para profundizar en el valor del día a través del Evangelio, conocer mejor a los compañeros y descubrir nuevas formas de acercarse a Jesús. La aventura de La Historia Interminable dejó entre los más pequeños una enseñanza fundamental: la magia no depende de un amuleto, sino de aquello que cada persona aporta al grupo. Ayudarse, confiar en los demás, trabajar en equipo y descubrir lo que a veces permanece invisible son aprendizajes que continúan más allá del propio campamento.

El Principito como guía para los mayores

Los Zagales mayores tuvieron como hilo conductor El Principito, una obra que les llevó a reflexionar sobre la importancia de ser uno mismo, cuidar las relaciones y afrontar las dificultades para crecer como personas. A través de diferentes actividades y dinámicas, los participantes pudieron profundizar en cuestiones relacionadas con la manera en que se relacionan con los demás, así como en aquello que pueden cuidar o descuidar en sus vínculos personales.

Las gincanas, el día del revés, los juegos de agua, el Ralyguarro, el Furor, las salidas a las piscinas y la visita a Aquópolis llenaron de diversión los días de campamento. También hubo momentos especialmente significativos, como la oportunidad de compartir juntos la final del Mundial y celebrar la victoria de España. Pero, más allá de las actividades, los propios Zagales destacamos especialmente los rincones de equipo y los momentos de convivencia. Compartir sentimientos y experiencias ha permitido que quienes al principio eran desconocidos terminaran formando una pequeña familia. La oración diaria fue también parte esencial de la experiencia. En palabras de los participantes, Zagales se convierte así en un espacio donde sentirse acogidos, seguros y libres para expresar lo que llevan dentro.

Un último campamento para recordar

Para los Zagales de último año, el campamento ha tenido un significado especial. Después de siete años vinculados a Zagales y de haber vivido cinco campamentos, estos diez días suponían la despedida de una etapa y el comienzo de un nuevo camino. Desde el primer momento, el grupo experimentó una fuerte conexión. Los reencuentros, las conversaciones, las risas y los espacios de reflexión fueron creando rápidamente un ambiente de familia. La temática de El Principito volvió a acompañarlos, ofreciendo numerosas oportunidades para mirar hacia dentro y reflexionar sobre quiénes son, qué quieren y cómo quieren afrontar su futuro.

Uno de los momentos más significativos fue el trabajo en los rincones de equipo, con reflexiones como la propuesta del iceberg: «¿Qué no hemos superado todavía?». También tuvieron especial importancia el proyecto personal, los momentos de adoración y los espacios de oración, que permitieron a los jóvenes compartir aquello que llevan dentro y vivir momentos de encuentro con Dios. Entre las actividades más recordadas se encuentran la Holi Run, los juegos por equipos, las salidas a la piscina, los juegos de agua y la visita a Aquópolis. La convivencia entre jóvenes procedentes de diferentes ciudades volvió a poner de manifiesto una de las señas de identidad de Zagales: la capacidad de crear vínculos que permanecen más allá de la distancia.

Especial significado tuvo el denominado «desierto de último año». Durante esta jornada, los Zagales recibieron por primera vez su Tau y tuvieron la oportunidad de reflexionar sobre el significado que querían darle, el valor que deseaban llevar consigo y aquello que querían conservar de esta etapa. El recorrido individual hasta la piscina se convirtió en un tiempo de silencio, reflexión y diálogo con Dios.

El campamento culminó con uno de los momentos más esperados: la imposición de la Tau. Durante la celebración eucarística, cada zagal recibió la Tau de manos del monitor que había elegido. El gesto simbolizaba mucho más que la entrega de una cruz: representaba todo lo vivido, las personas encontradas, los aprendizajes adquiridos y el camino recorrido durante los años como zagal. La despedida estuvo acompañada también por la última interpretación de la canción creada por ellos mismos, un recuerdo de su historia compartida y de todo lo vivido durante esta etapa.

Una experiencia que continúa

Con el regreso a casa termina el campamento, pero no la experiencia. Los días compartidos dejan aprendizajes, amistades y recuerdos que acompañarán a los participantes en su vida cotidiana. Para los más pequeños, queda la certeza de que cada persona tiene algo único que aportar. Para los mayores, la importancia de cuidar las relaciones, abrirse a los demás y afrontar aquello que les ayuda a crecer. Y para quienes concluyen su etapa como Zagales, la Tau recibida se convierte en símbolo de un camino que continúa ahora en una nueva etapa, Juvam.

Un año más se vuelve a poner de manifiesto que los campamentos de Zagales son mucho más que un conjunto de actividades de verano. Son espacios de encuentro, convivencia, formación y fe en los que niños y jóvenes pueden crecer juntos y descubrir que, cuando se comparte el camino, personas procedentes de lugares diferentes pueden terminar sintiéndose parte de una misma familia.

Compartir