Agradeciendo el don del encuentro fraterno

Por P. José Luis Gómez de Segura

Desde el primer momento, el reencuentro y el saludo entre hermanos de distintas comunidades se vivió como una experiencia profundamente enriquecedora. En la Casa de Espiritualidad de las Hermanas Oblatas en Ciempozuelos (Madrid), se hizo palpable el valor del encuentro: compartir la vida y las vivencias, escucharse con atención, dialogar con cercanía y, en definitiva, reconocerse como hermanos. En dos tandas, del 12 al 14 de abril en primer lugar, y del 15 al 17 para el segundo grupo, los religiosos de la Provincia nos volvimos a reunir para pasar unos días de formación y convivencia fraterna.

El encuentro fue acompañado por el capuchino Jesús Torrecilla, de la Escuela Superior de Estudios Franciscanos (ESEF), quien ofreció una reflexión densa, exigente, y a la vez iluminadora, bajo el título “San Francisco, hospitalario y acogedor”. Su exposición condujo a los participantes a revisar la vivencia cotidiana de las relaciones fraternas, poniendo el acento en la calidad de la acogida, tanto dentro de la comunidad como hacia quienes se acercan a ella.

A lo largo de la jornada se subrayó la importancia del cuidado mutuo, que pasa por una escucha atenta capaz de percibir no solo lo que el hermano expresa, sino también aquello que, sin palabras, deja entrever sus necesidades, sufrimientos o alegrías. Del mismo modo, se destacó la necesidad —no siempre fácil— de dejarse cuidar, especialmente en etapas de la vida en las que la fragilidad se hace más evidente.

Lejos de desaparecer, la vulnerabilidad acompaña a la persona a lo largo de toda su existencia y puede convertirse en una oportunidad para la transformación personal. Desde esta perspectiva, reconocer la propia necesidad de acogida permite también aprender a acoger mejor a los demás. En este sentido, resonó con fuerza una idea reiterada durante la exposición: “los leprosos llevaron a Francisco hasta Jesús”, así como que “los hermanos ‘obligaron’ a Francisco a emprender un camino interior”.

La acogida mutua se presenta, así, como un camino de obediencia vivida desde la escucha al hermano y la docilidad al Espíritu. Esta dinámica conduce a una vivencia más profunda y transformadora de la Eucaristía, donde Dios se abaja y se entrega, invitando a compartir lo recibido.

Inspirados en el testimonio de san Francisco, hospitalario y acogedor, los participantes reflexionamos también sobre la manera de acoger a quienes se acercan a sus comunidades o comparten el mismo carisma en la misión. Personas laicas y religiosos, desde su vocación propia, participan de un mismo don que el Espíritu suscita y desarrolla en cada uno. Este camino compartido se enmarca en la vivencia de la sinodalidad, como expresión de una Iglesia que camina unida y busca enriquecer a todos para el bien común.

El encuentro dejó un profundo sentimiento de gratitud, tanto por los contenidos compartidos como por la fraternidad vivida. Asimismo, los participantes agradecieron la acogida recibida en la Casa de Espiritualidad de las Hermanas Oblatas, un espacio sereno que favoreció el recogimiento y la convivencia.

La jornada se completó con una visita cultural al Palacio de Aranjuez, que permitió adentrarse en la historia de siglos pasados, y con un momento de convivencia fraterna en torno a la mesa. Con el deseo de que estos encuentros continúen en el futuro, todos coincidieron en una expresión final que resume lo vivido: gracias por el don del encuentro.

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