“¿Y si así es como habla Dios? Crónica de una Javierada inesperada

Por Alejandro Peinado Quirós (Dos Hermanas)

Una tarde en el grupo de JUVAM nos propuso fray Jorge ir a la Javierada, yo lo tenía claro, me habían hablado muy bien de la actividad así que un jueves nos fuimos camino a Madrid donde acompañamos a fray Jorge en unas charlas vocacionales por los colegios de Caldeiro y Santa Rita, conocimos a la comunidad de Caldeiro y a fray Carlos Sagardoy, que nos estuvo contando muchas cosas.

El viernes, camino a Pamplona donde se desbloquean una serie de nuevos personajes: Iñigo, Paunero, Lucía… ¿María Jesús? Solo quien sepa bien los dolores sabrá quién es esta mujer. Tras un viaje caótico, lleno de dislexia, pero sobre todo de risas, aunque algunos arrastrando los pies, llegamos al Colegio Amigó. Saludos, abrazos, etc.

Momento importante: oración de la noche. Es el momento de compartir inquietudes y, apartando un poco este tono irónico, yo comparto las mías. Llego lleno de dudas. Todo el mundo ha tenido un encuentro con Dios, ¿por qué yo no? Me cuesta abrirme. Yo no sé hablar desde el corazón. ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Cómo habla Dios? ¿Realmente estoy ayudando a los demás? Haciendo referencia a la lectura, no voy a pensar en si mañana podré responder todas mis dudas; habrá que dejarse sorprender.

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Las 8 de la mañana: toca ponerse en pie. De nuevo oración. Tras una lectura que invita a pensar si, por el mero hecho de hacer vida cristiana, somos efectivamente creyentes, y presentándonos que es necesario reconocer errores y tener presente la humildad de Dios para reconocerlos, partimos en camino. Al principio cada uno a su rollo, hablando y comentando con los amigos. Tras la primera parada y una cervecita a escondidas… un sacerdote que iba con nosotros se estaba muriendo de frío y exigía seguir andando. Probablemente fuese porque iba en pantalón corto, pero bueno.

Comenzamos el Vía Crucis; para mí, el momento más importante de todo este viaje. Nos tenían preparadas una serie de preguntas para cada una de las catorce estaciones de la Pasión de Jesús. Quiero destacar, aunque lo detallaré más adelante, mis conversaciones con Jorge. Tras acabar y mirarlo a los ojos, verle que quería decirme algo pero que había como un muro que se lo estaba impidiendo, tuve la certeza de que realmente estaba descubriendo a esa persona y esa persona me estaba descubriendo a mí.

También a Iñigo, el cual me demostró que se puede desarrollar esa humildad para reconocer nuestro egoísmo, dejar de pensar que es nuestra cruz la que más pesa y empezar a reconocer las cruces de los demás para ayudarles a portarlas, haciendo así el camino de ambos más ameno. Y a Paunero: él fue capaz, con las palabras exactas, de cambiar mi propia perspectiva sobre mi mayor miedo: la necesidad de aprobación.

Llegamos a Javier. Los pies ya pesaban, pero, a pesar de ello, recibimos la misa. Destaco el hecho de que Dios nos llama a algo, a todos; en este caso fue a la vida religiosa, no obstante, decidí extrapolarlo a mi vida: ¿A qué me llama Dios? ¿Lo que estoy haciendo es lo que Dios quiere? Llegamos otra vez al colegio y, a pesar de no haber oración, algunos compartimos algunas cosas. Sin embargo, empezaba el fútbol y todo eso quedó difuminado.

Tras cenar, mantuvimos una serie de conversaciones. Al ser un viaje de JUVAM no podía ser menos: me llevé la bronca por bocazas, bien merecida, quepa resaltar. Más adelante hubo momento de reconciliación y de entender mejor los puntos. Lección aprendida, Jorge: no somos iguales. Esto acabó siendo instrumento de comedia, así que sí, puedo decir que hubo reconciliación.

En la oración de la mañana teníamos todos nuestro billete de vuelta y, dentro de él, nuestro agradecimiento y camino. Aunque pensabas que me había olvidado, no es así: mis inquietudes. ¿Qué fue de mis inquietudes? Pues volviendo a mencionar el Vía Crucis, había omitido una conversación: mi conversación con Diego. Mencioné mi problema de hablar con el corazón; le dije que yo no me sentía capaz, que todo salía de mi cabeza. Más adelante, sin darme cuenta, le conté otra inquietud mía acompañada de la historia y, casi sin dejarme acabar, Diego me dijo: “Ves, ahí… ahí me has hablado desde el corazón”.

El comentario me dejó en shock. Tras recapacitar, me di cuenta de que tenía razón. ¿Ciertamente había sido así de fácil? Pues contando cómo lo sentí, no puedo evitar usar una metáfora: tenía en mis manos las riendas del caballo tirantes, evitando que mi corazón se escapase y hablase. Tras decírselo a Diego, el Señor me quiso demostrar que, confiando en Él, claro que era posible. Él me tocó, me cogió las riendas y dejó que mis brazos descansasen por un momento. “Ves, si confías en mí y me das las riendas, todo es perfecto”.

Tras ese evento me surgió otra de mis inquietudes: “Oye, ¿y si es así como habla Dios?” Pues a día de hoy sigo teniendo esa pregunta a la cual sigo dando vueltas. Sin embargo, esta vez creo que lo mejor será soltar las riendas.

Para terminar, partimos otra vez hacia Madrid. Tras un viaje en el que reinó el reggaetón antiguo, llegamos de vuelta a Caldeiro para tomarnos algo y a dormir, que mañana hay Laudes. Nos despertamos y estábamos más perdidos que un pulpo en un garaje. Fuimos a los Laudes y, casi como si de un chiste se tratase, otra vez tarde llegando al taxi. Sin darme cuenta, estaba volviendo a Sevilla. Mi Javierada había llegado a su fin, pero comienza, lo sé, un nuevo camino.

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