
Por Fr. Thespis DOUSSOH
Soy un religioso beninés amigoniano, que perteneció hasta el año pasado a la comunidad Luis Amigó de Abiyán (Costa de Marfil). Fui enviado a Colombia el 11 de septiembre de 2025 para estudiar Teología en la Universidad Católica Luis Amigó de Medellín (Colombia) y adquirir experiencia en pastoral juvenil.
Llegué aquí con gran entusiasmo y recibí una cálida bienvenida por parte de los hermanos de mi comunidad de la Escuela de Trabajo San José de Machado. Aquí me he reencontrado con mis hermanos Jordan AMALIN y Henoc GNISSIMA, quienes ya habían iniciado esta experiencia en 2022 y se encuentran al final de su formación según los programas establecidos por la Universidad Católica Luis Amigó.

A mi llegada, lo que me impactó fue el cambio de clima y la diferente cultura, aunque también me sentía un poco perdido con el idioma y lleno de miedo y dudas. Pero estoy forjando un camino que me permitirá alcanzar el éxito en lo personal, en lo académico y en lo social. Anteriormente mencioné el clima porque, tras visitar Manizales y Bogotá, me di cuenta de la variabilidad climática y de por qué Colombia es reconocida como un país de regiones. En cuanto el idioma, he hecho dos meses de cursos intensivos personalizados para mejorar mi español y prepararme para el programa universitario de Teología. Y respecto a mi mejora lingüística, se debe en gran medida al apoyo de la gente que conozco, ya que los colombianos son muy acogedores, hospitalarios y amables.
Mi comunidad de San José ha sido un gran apoyo con su orientación y responsabilidades pastorales y litúrgicas con los jóvenes, tanto en los retiros como en el ámbito académico, lo que me ayuda a integrarme y adaptarme. Hablando de compromisos, también soy el responsable de las niñas del internado de la sesión Alborada. Otro aspecto que me ha llamado la atención y que me gustaría destacar es que esta es una región multicultural con culturas indígenas arraigadas en artes y conocimientos ancestrales, una herencia africana reflejada en ritmos como la cumbia y el vallenato y en la que también se percibe la influencia lingüística europea.

En la universidad, debo admitir que el comienzo no fue fácil, porque al principio para mí los profesores hablaban muy rápido, pero gracias a mis compañeros he logrado salir adelante. El idioma fue un desafío que valió la pena, aunque es fundamental seguir en esta preparación para mejorar mi fluidez en mis conversaciones y cuando tengo que escribir. En resumen, estoy viviendo un tiempo muy feliz con esta experiencia y con la oportunidad que la Congregación me ha dado para formarme. Espero que, cuando regrese a la Provincia, pueda enriquecer mi apostolado con la experiencia vivida.