Una invitación a ser portadores de paz en un mundo herido

La Federación Interfranciscana de España celebró los días 24 y 25 de octubre en Madrid su XL Asamblea General, bajo el lema «Portadores de paz en un mundo herido». El encuentro constituyó una oportunidad para el reencuentro fraterno, la reflexión compartida y la renovación del compromiso de vivir y transmitir el carisma franciscano en una sociedad marcada por las divisiones, la indiferencia y las heridas personales y comunitarias.

La Asamblea contó con la participación de nuestro Provincial, Fr. José Miguel Bello, junto a otros representantes de la Familia Franciscana, que profundizaron en la llamada a ser instrumentos de una paz desarmada y desarmante, en sintonía con la invitación del papa León XIV.

La primera jornada estuvo marcada por la reflexión de Fr. Jesús Torrecilla, quien ayudó a los participantes a profundizar en el significado del Testamento de san Francisco y su relación con la vida y la misión de la familia franciscana en la actualidad. A partir de este texto fundamental, los asistentes fueron invitados a mirar las raíces de su vocación para orientar el futuro, reconociendo la historia de Dios en sus propias vidas y encontrando en esa memoria viva una fuente de esperanza.

Uno de los aspectos centrales de la reflexión fue el encuentro de Francisco con el leproso, una experiencia decisiva en su camino espiritual. En la fragilidad humana, el santo descubrió una vía hacia la misericordia que continúa siendo esencial para comprender la vocación franciscana: vivir cerca de quienes sufren y de un mundo herido y dividido. Esta cercanía no puede limitarse al compromiso social, sino que debe impregnar todas las dimensiones de la vida religiosa: la oración, la fraternidad, la misión y la relación con los demás. La humildad y la minoridad, inspiradas en el ejemplo de Francisco, invitan a reconocer la propia fragilidad y a convertirse en portadores de esperanza también dentro de las propias comunidades.

La Eucaristía apareció igualmente como una referencia fundamental, en cuanto sacramento de la humildad que enseña a acercarse a los demás con sencillez. Asimismo, la bendición final del Testamento permitió reflexionar sobre la importancia de acoger al otro, crear vínculos y vivir desde el agradecimiento por todo lo recibido como un don. La exhortación concluyó con una llamada a fortalecer aquello que une a la familia franciscana, haciendo de la fraternidad un espacio de acogida, reconciliación y amor que vaya más allá de lo esperado.

La sesión de la tarde estuvo dedicada a valorar el camino recorrido durante los últimos cuatro años con motivo de las celebraciones de los centenarios franciscanos. Marta Ulinska y Víctor Herrero presentaron las iniciativas desarrolladas y animaron a dar continuidad al espíritu de familia que ha acompañado este tiempo de celebración. Los centenarios han sido una oportunidad para revitalizar el carisma de san Francisco en las comunidades y familias franciscanas, así como para acercarlo a personas y espacios donde todavía era poco conocido. Más allá de la conmemoración histórica, han permitido redescubrir la actualidad de su mensaje y su capacidad para ofrecer respuestas ante los desafíos del mundo contemporáneo.

Durante la presentación se evocó la imagen de los crocus, pequeñas flores que aportan color a la nieve antes de que esta se derrita. Como ellas, la vida y el mensaje de Francisco siguen abriéndose paso entre la indiferencia y las heridas de nuestro tiempo, ofreciendo signos de esperanza allí donde más se necesitan. La reflexión puso de manifiesto que el final de las celebraciones no supone el cierre de una etapa, sino el comienzo de un nuevo compromiso: mantener viva la herencia recibida y compartirla más allá de las propias comunidades.

La Asamblea concluyó con el propósito de trasladar a las comunidades un impulso renovado y de reforzar el papel de la Federación Interfranciscana como espacio de encuentro, acompañamiento y animación de la vida franciscana. En este contexto, se planteó la necesidad de iniciar un proceso de revisión de los Estatutos de la Federación para responder mejor a los desafíos actuales y orientar en esa dirección sus propuestas, actividades formativas y encuentros. Esta renovación deberá tener en cuenta tanto la realidad de las comunidades como las necesidades y heridas del mundo al que están llamadas a servir.

El compromiso de ser «portadores de paz en un mundo herido» se concreta así en una forma de vivir que combina la sencillez, la fraternidad, la cercanía a las personas vulnerables y la capacidad de generar esperanza. Una llamada que invita a los hermanos y hermanas de la Familia Franciscana a reconocerse unidos por una misma herencia espiritual y una misión compartida. Siguiendo las huellas de san Francisco, estamos llamados a continuar construyendo fraternidad y a ofrecer, con su presencia cotidiana, signos de paz, alegría y esperanza en un mundo necesitado de reconciliación.

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