
El pasado lunes 26 de octubre fallecía, a los 94 años de edad, el P. Francisco Morant Morant, miembro de nuestra comunidad del Seminario San José de Godella (Valencia). Natural de Beniarjó (Valencia), donde nacía el 15 de junio de 1932, ingresaba en el Seminario San José el 21 de agosto de 1945, con trece años de edad. Allí comenzó su noviciado el 13 de julio de 1947 y emitió sus primeros votos el 14 de julio del año siguiente.
Una vez hecha la primera profesión fue destinado a la Casa La Patilla de Madrid, donde hizo dos años de estudios filosóficos. En julio de 1950 pasaba al Colegio Caldeiro para hacer allí sus prácticas pedagógicas. Al año siguiente saldría ya de España al ser trasladado al Teologado que acababa de ser fundado en la Escuela de Trabajo San José de Medellín (Colombia). Fue allí, en Fuentidueño, donde emitió sus votos perpetuos el 14 de julio de 1954.

El 13 de diciembre de 1955 era trasladado al Instituto Preparatorio de Menores de San Cristóbal, en República Dominicana. El 20 de mayo de 1956 fue ordenado sacerdote en Santo Domingo y en esa universidad obtenía, tres años después, el título de Doctor en Filosofía. En septiembre de ese mismo año es enviado al Colegio Fray Luis Amigó de San Felipe (Venezuela), casa que sería la más emblemática de toda su trayectoria religiosa.
El Colegio Fray Luis Amigó se encontraba aún en su etapa fundacional, pues había abierto sus puertas al comenzar el curso escolar 1958-1959. Su llegada coincidió, pues, con el inicio del segundo curso que se impartía en esta Institución y, tan pronto como llegó se entregó en cuerpo y alma a las tareas docentes, que fueron ya su pasión el resto de su vida. En 1965 fue nombrado superior de la casa, cargo en el que permanecería 39 años, y director del centro, cargo que renovaría hasta su último nombramiento, el 15 de noviembre de 2010.
Volvió a España en 2015 y, tras ser incardinado en la Provincia Luis Amigó, llegó a la comunidad del Seminario San José en octubre de este año. Allí fallecía, tras 79 años de vida religiosa y allí reposa en el Columbario de dicha casa.

“Su vida se distinguió, de manera especial porque en todo momento fue todo un señor. Un señor en su porte físico, pero, sobre todo, un señor en su talante humano y espiritual”, escribe el P. Juan Antonio Vives, historiador de la Congregación, en su necrológico. “Por su forma de ser, serio en las apariencias, pero de un gran corazón, altamente sensible para percibir y atender, con respeto y cariño a un mismo tiempo, las necesidades individuales de sus alumnos y de los docentes y empleados, se ganó el afecto de cuantos convivieron con él”, continúa.
“También entre sus hermanos de comunidad se hizo querer por la serenidad de su ser, por su exquisita educación a la hora de tratar a cada uno y por la sensibilidad humana y afecto con que supo relacionarse con ellos. Fue, en este sentido, un eficaz constructor de fraternidad”, subraya el P. Vives.