
Por Cristina Ortiz de Guinea
Con el propósito de seguir avanzando hacia una escuela que responda a la diversidad del alumnado, profesionales de los siete Colegios Amigó han trabajado en junio, antes de acabar el curso, en una jornada de formación centrada en el Diseño Universal para el Aprendizaje y en la creación de entornos educativos inclusivos. La sesión tuvo lugar en el Colegio Caldeiro de la mano de Coral Elizondo, orientadora, formadora y autora de diversos libros sobre inclusión, que invitó a los participantes a reflexionar sobre cómo transformar nuestras prácticas educativas para que todo el alumnado pueda aprender y participar.
Coral estructuró la jornada en torno a tres grandes ejes: comprender cómo aprende el cerebro y cómo reducir la sobrecarga cognitiva, conocer el modelo de diseño inclusivo basado en el DUA 3.0 y descubrir el potencial de los espacios flexibles inspirados en el Aula del Futuro como impulsores de metodologías activas e inclusivas. El mensaje principal de la jornada, eminentemente práctica, fue que “la inclusión comienza mucho antes de realizar adaptaciones”. Comienza cuando el profesorado diseña experiencias de aprendizaje pensando desde el inicio en la diversidad del alumnado.
Esto quedó reflejado en el modelo de diseño inclusivo que nos presentó. Un modelo que sitúa en su base a la persona y a su forma de aprender, planteando una visión sistémica que integra: el diseño proactivo, la experiencia del aula, la evaluación y el liderazgo educativo. A lo largo de la sesión y, en equipos cooperativos, analizamos cómo determinadas decisiones metodológicas pueden generar barreras al aprendizaje, reflexionamos sobre como pequeños cambios en la organización de la información, la claridad de las consignas, la gestión de la atención, el uso de apoyos o el acompañamiento de las funciones ejecutivas son capaces de producir un gran impacto en el aprendizaje de todo el alumnado.

Coral puso el foco en la necesidad de cuestionar algunas dinámicas muy presentes en las aulas, como la rapidez, la acumulación de tareas o la evaluación sin tiempos suficientes para consolidar los aprendizajes. Frente a esta cultura de la prisa, nos propuso diseñar experiencias que respeten los ritmos del cerebro, reduzcan la sobrecarga cognitiva y favorezcan un aprendizaje profundo y significativo.
Otro mensaje destacable fue el que nos hizo llegar sobre las barreras visibles e invisibles. Aquí, analizamos cómo materiales, espacios, metodologías, expectativas o formas de evaluar pueden convertirse en obstáculos para la participación y el sentido de pertenencia del alumnado, reforzando la idea de que una escuela inclusiva exige revisar no solo los recursos, sino también las creencias y la cultura organizativa. Finalmente, Coral abordó el concepto de Aula del Futuro, entendida como un conjunto de entornos flexibles que favorecen la investigación, la exploración, la interacción, la creación y la presentación de aprendizajes, muy acordes con las metodologías activas de nuestro modelo pedagógico.
Para finalizar, nos invitó a trasladar estas reflexiones a la práctica cotidiana. Más que incorporar nuevas estrategias aisladas, el objetivo es avanzar hacia una cultura educativa donde cada decisión de diseño contribuya a eliminar barreras, aumentar las oportunidades de participación y garantizar que todo el alumnado encuentre en la escuela un lugar donde aprender, crecer y sentirse reconocido. Porque, como nos resaltó, “la inclusión no se improvisa, se diseña”