
Por Mª Eugenia Fernández
Con profundo dolor, pero con la esperanza puesta en la Resurrección, despedimos a nuestra querida hermana María Dolores Covo, cooperadora amigoniana residente en Vitoria, quien falleció en el pasado 4 de julio.
María Dolores fue el vivo reflejo del carisma amigoniano. Su profunda devoción y su espíritu generoso se manifestaron de forma incansable, especialmente en el Proyecto Acompañamiento Amigo, una labor que abrazó con mucho entusiasmo y entrega.

No importó la distancia ni las dificultades técnicas, ella desafiaba las barreras telefónicas para llevar consuelo, escucha y cercanía a quienes más lo necesitaban en Cuba, especialmente a sus queridas Myriam y Virginia. Su compromiso no se quedaba solo en las palabras: su solidaridad cruzaba el océano en forma de medicinas y alimentos, aliviando las cargas de sus hermanos a la distancia.
Quienes tuvieron la dicha de conocerla saben que su hogar en Vitoria era un lugar de hospitalidad. Recibía a cada persona con una alegría contagiosa, con los brazos abiertos y el corazón dispuesto. María Dolores no sabía de reservas, su vida fue un constante «sí» para dar, compartir y acoger al prójimo.

Hoy nos unimos en oración por su eterno descanso, agradeciendo al Señor por el regalo de su vida y su testimonio. Su legado de amor incondicional seguirá vivo en cada rincón del Proyecto Acompañamiento Amigo y en el corazón de toda la familia amigoniana.
Descansa en paz, querida María Dolores. Que la Madre de los Dolores te reciba en su regazo.