
Por P. José María Simón
Dos religiosos de nuestra Provincia Luis Amigó hemos participado en el Capítulo de las Esteras de la Familia Franciscana, que se ha celebrado en Barcelona el 1 al 3 de mayo, para conmemorar los 800 años del tránsito de San Francisco. Junto a nosotros, tres Hermanas Terciarias Capuchinas, unidos todos a los 250 religiosos/as y personas laicas, de diferentes fraternidades, de clausura y de vida activa, que recordamos juntos la huella que el santo dejó en la humanidad como fiel seguidor de Cristo. El ideal cristiano es hacer del Evangelio el centro real de nuestra existencia.
El sábado 2 de mayo escuchamos una conferencia de Víctor Herrero titulada “Recibió la muerte cantando”, en la que nos explicó detalles de sus últimos momentos en la tierra, cómo pidió que Fr. Jacoba le trajera dos cosas: un paño de color ceniza (para envolverlo en la muerte), y los mostaccioli, dulces para disfrutar (la vida). Y cómo se lo trajeron con algo que no había pedido: incienso que indica que donde hay amor hay siempre exceso, la maravilla de lo inesperado.

Por la tarde, Jordi Faulí, arquitecto director de las obras de la Sagrada Familia expuso la espiritualidad y arquitectura del templo después de haber realizado una visita guiada por el mismo, donde contemplamos una parte de la riqueza que nos enseñaron a mirar en las fachadas, torres, vidrieras, luces y columnas. Concluimos el día con una vigilia de oración en la Iglesia de Ntra. Sra. de Pompeia de los Capuchinos.
El día 3 la conferencia corrió a cargo de Josep Maria Esquirol, quien expuso seis puntos concretos del pensamiento y vida franciscana: 1. vivir lo concreto; 2. convertir al otro en próximo; 3. la juntura en la horizontalidad donde nadie es más que nadie evitando la fusión y la confusión; 4. el agradecimiento que lo considera una herencia del espíritu franciscano; 5. la mansedumbre que ahora puede entenderse como amabilidad, dulzura, respeto cuidadoso; y 6. lo que significa ser menor como contrario a la violencia que no deja ser. El ser menor deja ser, una manera mansa de ser que deja espacios y no los anula.

El colofón fue la Eucaristía presidida por el obispo auxiliar de Barcelona, Mons. Javier Vilanova, que resumió el carisma franciscano alentándonos a imitar su seguimiento de Cristo. Resaltó gue sigue resonando en nuestra iglesia hasta el punto que el anterior Papa tomara el nombre de Francisco para impulsar su huella en el mundo en el servicio a los pobres y últimos de la sociedad.
La despedida corrió a cargo de Fr. Jesús, superior provincial de los Capuchinos de Barcelona, haciendo un elogio a la rareza. Bendita rareza que damos importancia a los gestos que no son para señalar o levantar puños, sino ponerse a los pies como Jesús, como San Francisco no para sentirse humillados o pisados sino para servir. Raros que creemos en las palabras sencillas no parar buscar culpables sino para dar gracias. Raros porque tenemos el mismo carisma con tantas diferencias y ricas, pero somos familia en un mundo que quiere que todos seamos iguales y pensemos lo mismo pero que nos une el amor y valores que nos sostienen. Que sigamos siendo familia, aunque oigamos que nos dicen que somos raros.