JUVAM no es una etapa, es un vínculo hasta el cielo

Por Pau Villanueva

Y llegó un nuevo viernes de maletas, sacos y carretera, el Grupo Nacional de JUVAM nos volvimos a juntar, cada uno con las realidades de su lugar de origen, exámenes, universidad, trabajo… esta vez en la casa de espiritualidad Virgen del Pilar en Cercedilla (Madrid).

El viernes empezó con una cena grupal, donde pudimos compartir mesa y conversación con amigos de hace ya tiempo y con personas nuevas que este año han decidido seguir las huellas de Luis Amigó y unirse a JUVAM. Tras la cena empezaron varios juegos para ayudar a romper el hielo y, tras unas cuantas risas, nos encontramos con el que nos convocó a todos… Ya, delante de Él, pudimos descargar todos esos conflictos y problemas que llevábamos encima y, tras eso, surgió algo muy bonito y es que cada uno pudimos leer anónimamente las intenciones de otra persona del grupo y poder rezar y orar por esa persona y su situación, un momento lleno de emoción y pasión que solo es capaz de nacer estando a sus pies.

El sábado tuvimos el Rito de Imposición de la Tau a aquellas personas que no habían tenido la oportunidad de recibirla en Zagales. Es una auténtica suerte no solo recibirla, sino también poder estar presente en el momento en que compañeros de camino y de grupo de fe, reciben el símbolo franciscano.

Después del desayuno, apareció Fr. Jaime Rey, capuchino que nos iba a acompañar durante toda la jornada, con una formación sobre ser fraternidad en JUVAM. La ponencia fue una gracia y una fuente de información constante, que al menos a mí me encantó; la juventud vivimos como si cada cosa o problema que nos ocurre fuera el fin del mundo, y Jaime nos enseñó que eso no es así, que tener conflictos es una cosa positiva (si se afrontan) y es la primera fuente de información y aprendizaje que tenemos; y es muy bonito ver las cosas con esta gracia.

También reconocimos el amor de Dios, un amor divino que no se separa del amor que profesamos por las personas que nos rodean en nuestro día: a nuestros amigos, hermanos, padres… Amar y querer a esas personas es a su vez amar y querer a Dios; es amar a sus hijos amándole a Él; y no quiere decir que lo hagamos mal, porque tenemos que amar muchas veces mal para aprender a amar bien. Pero lo importante es que tengamos esa capacidad de amar.

Para mí el momento más destacado de la convivencia fue cuando nos separamos en grupos, para compartir y poner en común nuestros pensamientos sobre todo lo que Jaime nos había dicho, y vi actuar a Dios en algunas personas; cómo sin conocerse de nada, o muy poco, fueron capaces de abrir su corazón, de expresar sus conflictos y cómo la charla les había marcado en esas situaciones personales.

Ya después de la merienda, tuvimos un poco de tiempo libre, que aprovechamos para jugar a juegos de mesa, compartir conversaciones y también de poder acudir a la capilla, donde estaba expuesto el Santísimo. Fueron momentos donde abundó la belleza de compartir con tus hermanos de fe y momentos, donde el silencio de la capilla y la mirada fija en Él, nos envolvió el corazón.

Cayó la noche y llegó el juego excelencia de todo aquel que ha sido zagal, EL FUROR, donde las risas, nervios y alguna que otra trampa llenaron el salón de la casa de alegría y emoción por ver en esta edición quién se llevaba el triunfo, esta vez ganaron el equipo de las chicas. Tras tanto subidón de energía, tocaba relajarse y ponerse en modo oración, donde se nos presentaron preguntas para reflexionar sobre las cosas aprendidas en la charla que habíamos dado por la mañana. La verdad que fue un momento de oración muy chulo, ya que nos ayudó a asentar toda la información y cosas aprendidas antes de ir a descansar.

El domingo por la mañana amanecimos con una oración donde trabajamos las cosas que nos pesaba hacer y las que hacíamos con gusto, una forma de ver también nuestra actitud y compromiso ante el día a día. Y después del desayuno, siguiendo con ese día a día, hicimos una dinámica donde debíamos dibujar nuestra vida como si fuera un mapa y así gráficamente identificar las cosas que vivimos: ¿Cuáles son nuestras montañas? ¿Y nuestros valles? ¿Fronteras? Dándonos cuenta que, pese a poder parecer islas separadas de los demás, siempre hay algo que nos une; Él nos une y nos hace más capaces, nos hace tener vínculo, tener relación que nos ayuda a crecer.

Para acabar el fin de semana, aparte de comer, tuvimos la Eucaristía, I Domingo de Cuaresma, donde pudimos marcarnos compromisos para este tiempo, relacionados con lo hablado y vivido este fin de semana. El Señor ha plantado en cada uno de nosotros una semilla este fin de semana, ojalá sepamos ver sus frutos y utilicemos todo lo que nos enseña en transformarlo en amor, ya que amar es la forma más bonita de ser.

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