
El 13 de enero fallecía, a los 90 años de edad, el P. Elías Juan Elena Sáez, miembro de nuestra comunidad del Seminario San José-EPLA de Godella (Valencia). Natural de Santa Eulalia (Teruel), donde nacía el 8 de marzo de 1935, ingresó en el Seminario San José el 17 de octubre de 1946 y allí tuvo lugar su toma de hábito y su año de noviciado, que comenzó el 13 de julio de 1951.
Tras emitir sus primeros votos el 14 de julio de 1952, fue destinado al Colegio Nuestra Señora del Rosario -actual Colegio Nuestra Señora de los Dolores- de Hellín (Albacete), donde realizó sus estudios de Filosofía. En 1955 fue destinado a la Casa del Salvador de Amurrio (Álava), donde estudió Teología y emitió los votos perpetuos del 14 de julio de 1958.
Ordenado sacerdote el 29 de junio de 1960 en Bilbao, un mes después fue destinado a la comunidad de la Casa de Observación y Clasificación El Cristo. Al organizarse la Congregación en provincias, quedó incardinado en la del Sagrado Corazón en junio de 1961 y fue destinado a la comunidad del Colegio Sagrado Corazón de Madrid. Allí compagino la educación de los internos con sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de Comillas, licenciatura que obtuvo en junio de 1963.

Trasladado a comienzos de 1965 a la Ciudad Residencial Infantil San Cayetano de León, permaneció allí hasta noviembre, cuando fue destinado al Colegio San Hermenegildo de Dos Hermanas (Sevilla). Tras algo más de cinco años allí, pasó a la comunidad del Colegio Santa Rita de Madrid. Allí permaneció hasta agosto de 1974 y allí regresaría en 1975 como superior y director, tras un periodo como vicesuperior del Colegio San Nicolás de Bari de Teruel.
En 1979 comenzó su etapa misionera en América. En agosto de ese año llegó al Colegio Monseñor Tomás Solari de Morón (Argentina) y en 1981 fue nombrado primer consejero de esta delegación provincial. En febrero de 1982 fue destinado a la Casa de Punta de Parra, en Chile, que acababa de ser fundada, y donde permaneció hasta su regreso a Argentina en 1984 para ir a la nueva fundación de la Casa de San Luis.

Una nueva fundación sería su destino a principios de 1988, en este caso en la Casa de Santa Cruz de la Sierra de Bolivia. Incardinado en la Provincia Buen Pastor en febrero de 1922, a finales de ese año volvería por unos meses a Punta de Parra. En febrero de 1993 fue destinado a República Dominicana para recalar en el Instituto Preparatorio de Menores, pero en julio del año siguiente regresaría de nuevo a Punta de Parra para ejercer de administrador.
En 1996 fue nombrado miembro del Equipo de Formación del Juniorado del Cono Sur y trasladado a la Casa de Villa Alemana. Dos años después tuvo lugar su último regreso a la Casa de Punta de Parra, donde sería superior durante cuatro años. Tras cerrarse la casa en 2002, ejerció otros dos años como superior en la comunidad del Centro Educativo P. Luis Amigo de Concepción. Allí permaneció hasta 2015 cuando, tras ser incardinado en la Provincia San José, fue destinado a la comunidad de San Francisco de Asís de Copacabana (Colombia).
Tras unos meses en la comunidad del Padre Luis Arturo Nieto de Bogotá, a finales de 2021 regresa a España y queda incardinado en nuestra Provincia Luis Amigó, siendo destinado a la comunidad del Seminario San José-EPLA de Godella, donde fallecía este 13 de enero.

“Hombre recio y adornado con los valores de nobleza y sinceridad característicos de la tierra turolense, se caracterizó pro su carácter fuerte y su genio vivo. Pero también por su disponibilidad para atender y secundar las decisiones y traslados que decidieron sus superiores. En este sentido, su itinerario vital muestra cifras que marcan verdaderos récords: Estuvo incardinado en cuatro provincias, perteneció a dos delegaciones provinciales y ejerció su apostolado en seis naciones”, le describe el P. Juan Antonio Vives, historiador de la Congregación en su necrológico.
“Si grande fue su disponibilidad, no fue menor su austeridad y cómo supo vivir a lo largo de sus años contentándose con poseer lo imprescindible y adaptándose a las condiciones y culturas de las distintas comunidades en las que estuvo de familia. Esta austeridad, no cabe duda de que fue uno de los valores que más y mejor facilitaron y propiciaron su misma disponibilidad”, concluye el P. Vives.