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Un oasis de paz española en el caos marfileño

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Tres religiosos forman a 105 jóvenes conflictivos en un bastión de Gbagbo

El centro Amigó-Doumé constituye un auténtico «oasis de paz» -expresión de inquilinos como el joven Assí Ange Roland- en un entorno tan beligerante como Yopougon, el principal vivero de las milicias de laurent Gbagbo en Abiyán.

No lejos del complejo se divisa todavía la carcasa del vehículo de Naciones Unidas que quemaron los seguidores de este último el pasado día 28.

Se trata de un territorio dominado por los Jóvenes Patriotas de Chales Blé Goudé, donde los adolescentes exhiben orgullosos camisetas con el rostro del hasta ahora presidente o donde el colegio más cercano se llama Simone Gbagbo, la esposa del dirigente marfileño que rechaza ceder el poder tras su derrota en las elecciones.

Stefan Tioyé, por ejemplo, tuvo que permanecer acogido en el recinto durante dos semanas después de que su familia le disuadiera de retomar al arrabal de Abobo, un suburbio dominado por los simpatizantes de Alassane Ouattara, el ganador de los comicios.

<<Me dijeron que habían quemado a una persona en la calle, cerca de nuestra casa>>, explica el joven.

El chaval, de 19 años, es uno de los 105 inscritos en este enclave regentado por Los llamados Religiosos Amigonianos, cuyos tres miembros españoles han rechazado la recomendación que emitió el Ministerio de Asuntos Exteriores el pasado día 27, cuando el Gobierno Zapatero instó a «abandonar>> Costa de Marfil «a la mayor brevedad posible» ante la grave crisis polÍtica que afronta el pais africano.

Según fuentes de la embajada española en Abiyán, cerca de un centenar de los 260 residentes de esta nacionalidad ya se han marchado. La gran mayoría de los que permanecen son misioneros.

Normalidad ficticia

José Vicente Miguel, un valenciano de 42 años, asegura que, lejos de pensar en abandonar su residencia, los responsables de AmigóDoumé se han esforzado por mantener una apariencia de normalidad durante las jornadas más duras del conflicto.

«Cuando atacaron el convoy de la ONU un helicóptero (de esta organización) no cesaba de sobrevolar la zona. Hemos tenido que retener a los chavales durante tres fines de semana, porque sus padres nos decían que había tanta bronca en sus barrios que era mejor que nos los quedáramos. Así que organizábamos excursiones a la isla vecina intentando aparentar que no pasaba nada», cuenta.

Miguel recorre la finca de siete hectáreas donde lo mismo se divisa una granja de cerdos y gallinas que un rebaño de cabras o plantaciones de todo tipo. A sus 70 años, Enrique Tortajada ha decidido hacerse cargo de los plantíos y cada mañana se le encuentra podando o plantando árboles. Un escenario dominado por el sosiego que contrasta con el barullo y las pilas de basura que dominan los accesos al complejo, junto a la aldea de Niangon-Lokoa de Yopougon.

«Antes de las elecciones hicimos acopio de comida para poder resistir durante dos o tres meses. Además la gente del pueblo nos conoce y nos protege», asevera Miguel, un veterano que como Isaac Calvo -el tercer religioso español- ha sido testigo de los repetidos y violentos sobresaltos que ha sufrido Costa de Marfil en la última década.

El nuevo brete político que sacude al país ha complicado en extremo la tarea de Amigó-Doumé, una institución creada en 1995 que normalmente tiene que lidiar con chiquillos conflictivos.

Los muchachos aprenden aquí oficios como la carpintería, la soldadura o la agricultura y reciben una alfabetización acelerada, «ya que el90% llega sin saber ni leer ni escnbir», apunta Miguel. Son chicos que proceden de toda la geografía marfileña, de sus diferentes grupos étnicos y confesiones religiosas, y que por ello podrían encontrarse en un entorno diferente a ambos lados de una línea de confrontación.

Assi Ange Roland, por ejemplo, es de Cocody, un barrio de Abiyán dominado por las huestes de Gbagbo, y no esconde su devoción por éste, una opinión que contrasta con la de Stefan Tioyé.

Para evitar que la división que se vive en el exterior se contagie a Amigó-Doumé, los responsables han dictado la «prohibición» de hablar de política dentro del centro. «Incluso cuando vemos que en la televisión hay algún debate un poco acalorado les ponemos un vídeo», indica Miguel.

Roland se encuentra enfrascado en reparar una estructura metálica. Lleva tres años en Amigó-Doumé. Los mismos que ha pasado Tioyé aprendiendo la profesión de carpintero. Según Miguel, en este lugar «no sólo se les forma, sino que después se les acompaña durante otros cinco años dedicados a su reinserción. Todo es muy práctico. Por ejemplo, organizamos un teatro donde los chicos aprenden cómo vestirse para ir a pedir trabajo o cómo presentarse al jefe. Hay otra escuela para los padres, donde se les enseña a hacer autocrítica, porque muchos de estos chavales son niños a los que han abandonado sus familias».

Tanto Tioyé como Roland coinciden en que Amigó-Doumé les «aísla» del «caos externo», pero también en que <<temen» que la pugna entre Ouattara y Gbagbo acabe por sumir de nuevo al país en una guerra civil abierta.

 

Noticia original (pág. 23):

http://www.scribd.com/doc/46313415/EM-05-01-11

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Actualizado (Martes, 09 de Agosto de 2011 10:27)

 

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